sábado, 4 de enero de 2025

A veces mamá tiene truenos en la cabeza

 ¿Y tú que también eres mamá, tienes truenos en la cabeza?


En algún momento de la historia, alguien entendió que las mujeres, específicamente las madres debían tener el peso de todo. El psicoanalista Fromm (1956) decía que el amor maternal es una afirmación incondicional de cómo es la vida del niño y sus necesidades. Sin embargo, hay otro aspecto que va más allá de la mera conservación de la vida. Una madre aparte de buena madre tiene que ser una madre feliz y no muchas logran alcanzar esa meta. Cuando menciona la relación entre madre e hijo la cataloga como una de desigualdad, porque el niño necesita la ayuda y la madre la proporciona. Representando un carácter altruista y generoso haciendo que el amor materno sea considerado la forma más elevada de amor, y el más sagrado de todos los vínculos emocionales. El amor materno, representa dos seres unidos que se separan. Es aquí donde la madre debe no sólo tolerar y alentar la separación del niño, también debe mostrar la capacidad de dar todo sin desear nada, salvo la felicidad de su hijo.


“Una madre aparte de buena madre tiene que ser una madre feliz y no muchas logran alcanzar esa meta”. La parte más difícil de esta oración es que a esas madres que no logran alcanzar la meta, se les juzga. Es aquí donde tenemos que detenernos y “hablar” del libro       

A veces mamá tiene truenos en la cabeza, de Beatriz Taboada.


En esta historia una pequeña explica utilizando metáforas relacionadas a eventos atmosféricos los sentimientos de su mamá ante ciertas circunstancias y las repercusiones que en ocasiones suceden. Una de las partes del cuento que más me llama la atención, (esto es un spoiler) es cuando la niña explica: “Cuando mamá tiene lluvia en la cabeza se tumba en el sofá como un caracol. Mamá llora a veces.”  ¿Cuántas veces utilizando de base el amor maternal, se nos llena la cabeza de lluvia, y por no querer que nuestros hijos nos vean débiles no lloramos? ¿Cuántas veces nos llenamos de frustración, de ira, de ansiedad y no lo exteriorizamos por temor al qué dirán y que nos juzguen? La maternidad está sobrevalorada. Qué difícil es entender que dentro del amor maternal y todas esas cosas que en su momento mencionó Fromm, seguimos siendo humanas. Capaces de sentir y con las mismas necesidades que presentan los demás y que una gran mayoría de las veces nosotras tenemos que auto ayudarnos. Una vez entramos en la maternidad, el afán de amar, de proteger, nos deja desprovistas de auto conciencia y no nos cuidamos ni física, ni emocionalmente. ¿Saben que es lo mas triste? Que quizás podamos fingir el descuido, pero el cuerpo pasa factura y al final, siempre habrá alguien mirándote desde las gradas, a la expectativa de que falles y criticarte como madre. Y ten por seguro, que será una persona que no ha cuidado ni una tortuga en su vida.


Este libro me gusta mucho porque, aunque la protagonista es la niña que explica, en realidad el personaje principal es mamá y sus sentimientos. ¿Cuántos libros no encontramos por ahí, donde el tema principal es mejorar las necesidades de nuestros hijos, pero no hay ni un solo capítulo de como trabajar con las emociones de mamá? Nosotras mismas, buscamos libros y libros que nos muestren como maternal, porque a veces nos sentimos incapaces o miramos al lado y vemos esta “supermom” y creemos, necesitamos, añoramos parecernos a ella, sin conocer como es realmente el entorno familiar dentro de las cuatro paredes de su casa. Sin imaginar que ella también, seguramente se tumba en el sofá como un caracol y llora. Para terminar de “hablar” de este cuento, tengo que aclarar que la niña no solo explica las situaciones difíciles, entre una y otra intercala los momentos en que mamá es un sol y a veces un arcoíris. También el vivir estas emociones con mamá le permite comenzar a identificar las suyas. Lo mas importante es la validación de emociones que se ve al finalizar el cuento en donde ambas trabajan juntas con todas ellas.


Esta reseña la comparto, no como una conocedora de la Psicología, mi doctorado es en Educación en Currículo y Enseñanza. Pero, si tiene la base de 22 años de experiencia como madre, una que muchas veces tiene truenos, nubes y lluvia en la cabeza y que llora frente a sus hijos. A la que le cuesta en ocasiones ser sol y arcoíris, pero lo intenta, que es lo importante. ¡AH! Y que va a terapia, para cuidarse su salud emocional. El amor maternal es validar juntos como padres e hijos nuestras emociones, explicarlas, trabajarlas y aceptarlas, eso lo dije yo, Montero (2025). Este cuento es una demostración de que no estamos solas. ¡NOS TENEMOS!



sábado, 13 de julio de 2024

El cerebro de la mamá de Ian



“Ser madre es tener sentimientos encontrados al ver cómo tus hijos crecen, sintiendo dicha y nostalgia cuando avanzan dando pasos de gigante por la vida.”- Raquel Aldana (Psicóloga)



Voy a hablarles de una expresión que llevo diciendo hace aproximadamente 15 años. La digo tanto, que no sé si catalogarla como un cliché, porque ya sale automática. No fue hasta el domingo pasado que me di cuenta, luego de una circunstancia en particular, que le tengo que poner freno a esa expresión. Yo no soy de ocultar que llevo luchas internas con mi pasado, mi presente, mi futuro y alguna que otra misa suelta. La lucha interna del domingo, es como una continuación a una situación que me cuesta gestionar y aceptar. Y es que mi hijo menor creció. Y como esto no tendría sazón si yo no le coloco algo coloquial, tengo que decir que este proceso ha estado cabrón.

Qué les puedo decir, hay una cierta cantidad de niños con condiciones del corazón, que han tenido que soportar que sus madres anden por la vida educando, hablando, abogando, haciendo. Han tenido que soportar, como muchas veces el mío, el “súbete la camisa para que te vean el pecho.” Y si bien hay personas que lo hacen por morbo, algunas madres lo hacemos para ayudar a otras a aprender a vivir este proceso, que duele, lástima y muchas veces jode. Y pequeños al fin, en ocasiones fluyen con uno y hacen lo que uno pide, repiten lo que uno pide, se enfrentan a lo que uno pide. El proceso de niño a pre adolescente de mi niño menor sucedió durante la pandemia, los terremotos de Puerto Rico y una situación de salud totalmente nueva, incluso para algunos de sus médicos. En ese proceso, mi pequeño retoño pasó de ser un dechado de simpatía a convertirse en un niño huraño, cansado, amargado (como la madre) y poco complaciente. No obstante, en ocasiones no le queda remedio y cuando mamá le pide que se levante la camisa lo hace, aunque ya no le guste la idea de andar enseñando el pecho por gusto de la madre.

Entonces… pasó… mi hijo ya no es un pre adolescente, es un adolescente de 15 años, que sale con amigos, que está en la escuela superior y que sigue arrastrando los estragos del 2020, pero con más edad. Tiene sus propios intereses, y no tienen absolutamente nada que ver con los de su mamá. Y para ponérmela más difícil, no tienen nada que ver con abogar por el aprendizaje de su condición de salud. En estos días mi hijo fue invitado a un cumpleaños con piscina, y donde hubo muchos juegos bruscos. Y desde el lugar estratégico donde me senté a observar, luchaba internamente con “misma” para evitar levantarme y decir la expresión que me envía mi lado sobre protector del cerebro y que bajaría la revolución que había en la piscina. -“Mi hijo es paciente cardiaco.” Y es que la alegría que irradiaba la cara de mi hijo me decía silenciosamente: “Por favor, ellos no se tienen que enterar.” Mi hijo y yo estábamos teniendo una conversación telepática y ni siquiera nos estábamos mirando.

Por un lado me da paz saber que mi hijo ha superado mucho. Por otra parte, me cuesta verlo crecer, me cuesta dejarlo ser. Y es que el cerebro de las madres con un niño con condición de salud es muy diverso, y a veces no queda espacio para otras cosas que no sean las preocupaciones, la sobre protección, el sentimiento de culpa y el autocontrol. Una semana luego del cumpleaños me caché nuevamente diciéndole a alguien: -“Es que él es paciente cardiaco.” Al instante sentí esa vocecita que me decía: “No es que no lo digas, es que le permitas la oportunidad de ser ese niño “normal” que te has esforzado para que sea y pares un ratito de etiquetarlo.” Así que poco a poco, no pueden esperar que acepte algo a la ligera, para mi sigue siendo mi bebé, iré tratando de amoldar mi cerebro de pensamientos más positivos y menos etiquetas. Mientras tanto, te dejo aquí como se ve mi cerebro en estos momentos que intento gestionar que la vida sigue, el niño crece y ambos lo estamos haciendo bien. 




lunes, 7 de agosto de 2023

Después que venga sano… lo que sea.

 “ Pero todos tus conocidos estarán yendo y viniendo de Italia, y ellos hablarán acerca del maravilloso tiempo que pasan allá. Y por el resto de tu vida tú dirás, “Ahí es donde yo suponía que iba, es lo que había planeado”.

Y el dolor que esto te causa nunca, nunca, nunca desaparecerá… porque el no realizar un sueño supone una pérdida muy muy importante.”- Fragmento de Bienvenidos a Holanda de Emily Perl Kingsley

Llevo los últimos tres años bandeándome entre el hospital cardiovascular y el hospital pediátrico cada 3 a 6 meses, dependiendo de la cita que toque. Bueno, llevo estos tres años entre estos dos hospitales, porque hace 14 años que visito con frecuencia el cardiovascular. Recuerdo, tan clarito como si hubiera sido ayer, en el 2009, llegar a intensivo pediátrico del cardiovascular y ver una sala llena de niños entre recién nacidos como mi hijo en aquel momento hasta adolescentes. Cuando pregunté que había pasado durante mi embarazo para que mi hijo naciera con una condición, la respuesta fue: -“Porque le tocó.” Yo voy a echarle la culpa a uno de los años más asquerosos de mi experiencia como maestra, y a las 3 amenazas de aborto que sufrí en el proceso. 


Pero, no tengo suficientes literatura empírica que sustente mi hipótesis. En estos últimos años, he visto en estas citas, infinidad de niños con diversas condiciones, desde recién nacidos, hasta casi adultos. A simple vista, no puedo decir que aquella madre no hizo esto o hizo demasiado aquello para determinar porque el niño no llegó sano. En estos días justamente leía a una persona en facebook que comentaba, que los hijos de madres que se habían sometido al “experimento” (ya ustedes saben a que se refiere) estaban naciendo con condiciones del corazón. No he sacado el tiempo como investigadora, de ver si la prevalencia en las cardiopatías congénitas ha cambiado del 2020 para acá. Solo sé que siguen siendo un tabú, y que la gente o los padres siguen sin preguntar a las 18 o 20 semanas del embarazo por la salud del corazón de su hijo, ¿por qué? Porqué “después que venga sano, lo que sea”. 


Entonces que pasa, que no viene sano, y para completar nos cierran el “counter” de devolución en la cara, y me tengo que llevar para mi casa, esa que está esperando a un niño sano, un niño defectuoso y encima sin instrucciones. Y para acabarla de joder, tengo que leer que si el bebé nació por cesárea es que soy una cobarde que no quise parir. O que si no lo pego de la teta no estoy velando por su salud, o que no va a salir lo suficiente inteligente porque le estoy dando algo procesado y no natural. O que sabrá Dios que hice en el embarazo para que el muchachito saliera así. Porque desde las gradas, cualquiera es experto. Y no solo tengo que bregar con este diagnóstico para el cual no estoy preparada, porque después que venga sano, lo que sea, encima se me acumula la opinión familiar y ajena, se me llena la cabeza y me tiembla la vida como temblor en el sur de Puerto Rico. Pero, no me puedo “escrachar” porque la maternidad es bonita, y ser madre es lo más bonito del mundo y yo soy fuerte y puedo con todo. Y esa que me ve desde la grada, no se imagina ni por un momento, que ese bebé que le nació sano, que lo parió y que le dio la teta, un día puede dar un retroceso cabrón y un diagnóstico joderle ese pensamiento del futuro ingeniero que quizás sea gobernador. 


A veces, tenemos que tener un espacio de armonía interna porque sí, tenemos que cuidar a nuestros niños con condición congénita o adquirida, pero también tenemos que cuidar nuestra salud emocional. Porque hechas cantos no somos ni un poquito de excelentes madres, darle con el pecho a la situación dejando que nuestra Salud se haga cantos, no dice nada positivo, al contrario nos pone en riesgo. Muchísimas veces, tenemos que trabajar con los frascos de empatía, entendimiento y hermandad para pensar que haríamos nosotros en el lugar de esa otra mamá que todavía no quiere aceptar que su hijo nació con una condición, porque después que nazca sano, lo que sea. Duele, duele bien cabrón, así coloquial, que no nazca sano, porque nunca estamos preparados, duele mas aún, que nazca sano y de momento el mundo se vuelve negro porque algo pasó y ya nuestro niño no es el mismo. Empecemos a educarnos y a cambiar nuestras formas de pensar para poder siempre lidiar con lo creativa que se nos pone la vida. Al final, solo somos nosotros los que estaremos para ellos, el resto de la vida. Cuida tu salud mental, y cambia tu pensamiento, porque no importa cómo nazca, el nirvana siempre será, sacarlos adelante a como de lugar. 


lunes, 18 de julio de 2022

Mi maternidad, ¿una posible dictadura?

 “Todas deseamos en secreto que esa amiga/o, nomadre/nopadre tenga hijos para poder decirle: “Ahora me entiendes, ¿no?” - @mamaPetaZeta


          Todos los días me arrastro por las cunetas de la vida y sin fallar hago introspección y me “autoflajelo” mientras reflexiono en mi papel de madre. Llevo años haciendo cantos de todas las maneras posibles las brechas generacionales que destruyeron mi niñez, adolescencia y paso a la adultez. Y ni aún así, tengo los hijos perfectos que creo merecer tener. Claro, porque si me dejo llevar de facebook, sin conocer lo que sucede en las cuatro paredes de otras casas, siempre pensaré que hay hijos que si son perfectos. Lo que abona y alimenta a mi frustración de “mala” madre. Estamos tan arraigados al que dirán o al que piensan, que dejamos que los demás que tienen el placer de juzgar se hagan dueños de tu persona, de tu ser, de tu vida. Los cuales a veces, muchas veces, sin saber “cómo se bate el cobre”, abren su boquita, si, esa que usan para comer, y te dicen que estas mal, que eso no se hace, que así no funciona. No sé cuantos libros he leído para que me ayuden a ser “mejor” madre. Nunca los termino de leer, porque cuando voy por la mitad, me doy cuenta que todo eso, ya lo he hecho y simplemente no me ha funcionado. 

          He tratado de llevar la maternidad en todas las vertientes, a veces educo con amor y recompensa, y a veces, mi cabello se torna verde, serpentea y sisea, y educo con gritos y castigos. Llevo años haciendo lo indecible por la buena salud física y mental de mis hijos, esperando que personas que no aportan ni tiempo, ni economía, ni apoyo me digan: “Wow, te admiro, estás haciendo un trabajo cabrón.” A través de los años, me ha vencido la frustración y he caído llorando de desesperación tanto delante de mis hijos como a sus espaldas, cuando he tenido que vivir semanas tras semanas la falta de respeto y consideración que tienen mis hijos en mi casa. Esa que solo se ve en mi casa, porque mis hijos son los seres más caballerosos, educados y buena gente en la calle. Muchas veces he querido yo misma justificar el desastre que son en mi hogar; con que en algún lugar tienen que botar el golpe de los tremendos seres humanos que son en la calle. Solo que mis hijos tienen que aprender, que aunque es apto y posible frustrarse, no es justo, ni un poquito, que el desquite sea, con quien los alimenta, y vela por su bienestar. 

          Del 2020 para acá, he tenido que enfrentarme no sólo al caos que de por si trae la vida, también he tenido que chocar con una adultez mal administrada, y una adolescencia que ha venido como banda de rock pesado, explotándome los sesos con su banda sonora. Donde he querido seguir justificando mis decisiones o formas de pensar. Donde he querido ver la cara de la gente que siempre habla decirme: “Wow, lamento lo mal que lo pasas a veces.” Por lo que en medio de esos momentos de ocio, donde debería seguramente estar haciendo algo importante, pero prefiero cuestionar si el cangrejo vive o se muere, he decidido descansar de mi. He decidido, dar de que hablar. Y en el proceso, decir lo que pienso de mi maternidad, ya me harté de “romantizar” la maravillosa maternidad. Mientras tengo ese “tantrum” que algunos cuestionarán, cometeré algún acto de corrupción como el gobierno al pueblo, y me serviré la pieza más grande de carne. Me comeré el chocolate a escondidas, sin importar si es mío o no. Y a veces me haré la sorda cuando me pidan algo. Ya empecé, el martes pasado me fui a comer un helado sola, no invité a nadie, solo me traje la cuchara, porque vi que cambiaba de color con el frío. ¿Y saben que? En algún momento, sin remordimiento alguno, voy a repetirlo. ¿Mala madre? ¡A mucha honra! Si quiere cooperar para mi tratamiento psicológico, le paso mi ATH móvil o mi Venmo. Besitos. 

miércoles, 18 de mayo de 2022

¿Esos son los 46, o la entrada al Nirvana?


“Vivo como soñé a los 17, eh, eh

El que no logró na' es porque no le mete

Dime qué esperas tú, (Uh)

Si alguien puede eres tú (Uh)

Aunque pa' casa no ha llega'o la luz

Gracias a Dios porque tengo salud, eh, eh

La vida no tiene repetición

Después que mami me eche la bendición, yeh

No te preocupes, estamos bien (Hey)”- Bad Bunny


          A veces, sentada en cualquier spot, pensando en la inmortalidad del cangrejo, siento que no he hecho nada. Por el simple y mero hecho, de que no he viajado lo suficiente, no gano lo suficiente y a veces no vivo lo suficiente. La cavilación vino de sopetón, viendo la ropa de los que participaron en la metgala del 2022, específicamente mirando el atuendo de Benito Martínez, comúnmente conocido como “Bad Bunny”. Y sí, hubiese sido de las de criticar “la ridiculez” pero es que realmente, eso me pareció muy “Benito”. Es más, les puedo decir que viniendo de él, esperaba una extravaganza, pero, anyway, (descubrí que esta es mi nueva muletilla, tan mal usada como verdad) después de eso, empecé a ver los memes, que “ridiculizan” a Bad Bunny. Y mientras pensaba en la capacidad monetaria de quien saca tiempo para hacer memes, imaginé a este muchacho con su uniforme de supermercado, pasando la compra por el “check out” y me vi. Si, me vi, porque yo también trabajé en un supermercado, y nunca imaginé, que terminaría donde estoy. No, no me estoy comparando con Benito, a menos que hablemos de dinero claro está, lo que él tiene en el banco, seguramente es lo que necesito para pagar mis deudas. Hablo más bien de la capacidad de subestimarnos dejándonos llevar de donde salimos y a donde se supone que vayamos. Dudando de uno mismo basándonos en cuanto más hago que aquel y aún no logro arrancar. 


          Entonces, vuelvo a “Bad Bunny” porque lo primero que me pasó por la mente cuando lo vi con su atuendo fue, “Joder, llegó a la metgala cantando esa música tan educativa… (inserte un poquito de ironía aquí) y yo jodiéndome la salud con un doctorado. Él ya se puede jubilar, y yo tengo que esperar a los 63.” Pienso que yo lo más que he modelado son los trajecitos (que a veces alguien repite en el público) en las graduaciones. Y las modeladas que he dado en jeans, zapatillas y “hoodies” extra grandes en los pasillos de alguno que otro hospital en la isla. Es ahí, donde me permito, porque es pura auto tortura, cavilar e indagar, ¿que carajos yo he hecho con mi vida? Y me lo permito desde la premisa de que “no tengo” el trabajo “perfecto”, “no tengo” la paga “perfecta”, “no tengo” hijos “perfectos”, “no tengo” la vida “perfecta”. ¿Pero cuál es la base buscando ese Nirvana? Ningún trabajo es perfecto, por más que en su momento nos encante. Ninguna paga es perfecta cuando nos enfrentamos a tantos retos económicos a nivel mundial. Ningún hijo es perfecto si voy a dejarme llevar de ese que es mega talentoso pero no conoce de humildad y cortesía. Ninguna vida es perfecta aunque yo quiera pensar que cualquier persona está mejor que yo, porque tiene algo que yo quiero. 


          A varios días para los 46 y tan cercana a los 50, puedo decir que aceptar lo que no he logrado, hace más difícil lo que si he hecho. Si me dejo llevar por ese dicho de que se ha vivido si has sembrado un árbol, tenido un hijo y escrito un libro, estoy bastante cerca del Nirvana que todo ser humano busca. Si el resumen de vivir se basa en eso, tengo dos arbolitos de aguacate sembrados, dos seres humanos que no son como quisiera, pero que los quiero como son y he escrito 3 libros y la mitad de una disertación doctoral. Lo único malo de toda esta reflexión, es sentir que la iluminación de la madurez esté llegando tan tarde. Es durante estos meses, donde más me han machacado las palabras de mi presidenta de comité doctoral, el proceso de disertación no se basa en velocidad, esto es una resistencia. Así también es la vida, toca recibir los 46 sin prisa, pero sin pausa, viviendo no sobreviviendo, resistiendo y aceptando que a “Bad Bunny” le funcionó cantar, gústele a quien le guste. Y a mi me funcionó educar, y como tal, nunca, pero nunca, se deja de aprender. Quizás sean mi nietos quienes coman de los aguacates, y mis libros se han leídos en el otro lado del charco algún día. Lo que importa quizás no es caminar sobre un camino ya hecho, sino haciendo camino, al andar. 




lunes, 24 de enero de 2022

Yo no quiero ser grande

“Quién diría que extrañaríamos la infancia, si nuestro mayor deseo, era crecer.”- anónimo

Adultez- ⭐️👎🏼 No recomendada


     Pero, me cerraron “Toys R Us”©, el que no entienda la referencia, hace muchos años había un anuncio televisivo donde la juguetería se promocionaba con el “slogan” Yo no quiero ser grande, soy un niño “Toys R Us”©, para hacer referencia de la extensa variedad de juguetes que tenían. Yo no quiero ser grande, pero me cerraron “Toys R Us”©, y no ha quedado otra que crecer. ¿Saben qué? No estoy complacida con el servicio. Vale, vale, no todo ha sido malo, aclaro, y quizás hay unas millones de experiencias (en 45 años se pierde la cuenta), que como niño no se pueden vivir, pero en el momento en que la vida se pone creativa y te empuja, eso no viene al caso. Yo no quiero ser grande, pero mi juguetería personal, se ha resumido en una terraza llena de plantas y aquí estoy, cubriéndome detrás de una columna vigilando a los delincuentes que han tenido por agrado, comerse mis suculentas, lo que ha abonado a mi caos mental. 


     Que les puedo decir, 43 de mis 45 años, los he vivido como esas imágenes que presentan la velocidad estática con líneas de colores, demasiadas cosas, demasiado rápidas, para darme cuenta que tan jodidos pueden estar los demás. Buscando cómo hacer cantos ciertos comportamientos que pasan de generación en generación y tratar de ser una “grandiosa” madre digna de admirar, por mis hijos, por el mundo. Y de momento, la tierra tembló, y con ella las circunstancias, el empeño, los sueños y la vida. Peor aún, cuando se va acostumbrando uno al tambaleo, llega la señal de “stop” con el cambio de la normalidad, y en vez de la foto que muestra una velocidad, puedes ver y sentir un mundo como un “clock stopper”; lento. Donde de momento puedes ver todo tu caos, y el del vecino, y el de tu amiga, y el de la desconocida que conociste de casualidad. Esos caos, que a veces sin maldad, o con mucha de ella, empiezas a comparar, porque a veces sentimos esa necesidad de dar entender que estamos mejor (porque aparentar me da una paz personal) o dar a entender que estamos peor (porque así justifico mis decisiones sean acertadas o no).


     En fin, con esto de las redes sociales, se estrujan un poco más estos sentimientos, de conocer las situaciones de otros, y algunos intentar empatizar. ¿Saben qué? Las tallas de zapatos son únicas. En estos últimos años he aprendido, que los duelos son personales, y que nuestra escala para trabajar con ellos siempre será directamente proporcional a cómo está nuestra salud mental. He aprendido que cada cual tiene un dolor, que para algunos puede ser insignificante, pero desde los estilos y circunstancias de vida de quien lo vive puede ser el dolor más fuerte y duro. Y he aprendido que cada cual tiene derecho a pataletear, sufrir y manejar ese dolor desde donde su nivel de tolerancia le permita trabajarlo, siempre y cuando esto no signifique colocar en riesgo su vida o la de alguien cercano. Hoy me levanté con la intención de resolver varias cosas, de las cuales sólo resolví dos, y de la nada me ha caído una totalmente nueva y desafiante. También dije que iba a estudiar, pero entre los caos que adornan mi vida, está intentar buscar una solución para los delincuentes que se están comiendo mis suculentas. Si, ya sé, hay gente que la está pasando peor que yo, (que coños no he querido explicar más nada de mi caos, la estoy pasando malísimo) pero claro, siempre todo será, según el cristal con el que se mire. Después de todo, tienen que recordar, que tengo una lucha existencial a los 45 años, a 4 meses de los 46, donde he decidido que NO quiero ser grande, pero ahora mismo mi “Toys R Us”© es una terraza llena de plantas, y la idea de adquirir un rifle de peles. ( Esto es joda, esa última frase no me la crean.) 


Imagen EduPeña


https://www.flickr.com/photos/edumix23/4823560937 


jueves, 22 de julio de 2021

A Sonia Gutiérrez Carbonell


    “
 Tener esperanza es ver la luz a pesar de estar rodeado de oscuridad.”- anónimo

      En el 2015, desde Getafe, España, a petición mía, Ian recibió una carta. Aunque ya estábamos avanzados en tecnología, y bien pudieron escribir un email, Ian recibió una carta escrita a mano, de una mujer. En aquel momento ella no era cualquier mujer, era una mujer de 39 años, una cardíopata con una cirugía Fontan, como Ian. Llevaba tiempo tanteando, buscando un ser que me hiciera el favor, de escribirle una carta a Ian, para que el viera, que habían adultos como él. Me acerqué a varios adultos iguales a Sonia, que encontraron innecesario perder su tiempo, escribiéndole una carta a un niño de 6 años, una de ellas escribió en un “status” de forma general, que para qué. 

     Entonces, me encontré con Sonia, y no hubo ni un no, ni una duda. La carta llegó, y se la leí a Ian. Fue algo tan maravilloso, poder ver ese manuscrito, con la letra tan particular de los españoles. Leer como ella le hablaba sobre la importancia de cuidarse. Una carta que no estaba rebuscada, ni hecha porque si, estaba llena de cariño y de consejos. Mi intención, era darle más esperanza a Ian, que a sus 6 años no entendía de la necesidad de ella. Pero la realidad, es que la carta me llenó de esperanza a mi. Me aumentó esa fuerza para seguir trabajando con la salud de mi hijo, porque cada niño con cardiopatía que se convierte en adulto, es un balde de esperanza para otros padres. Todavía conservo la carta, y hace unos meses, la encontré guardada en un libro y se la di a leer a Ian. Luego de eso, estábamos intentando conectar a través de messenger para que Ian y ella pudieran tener una conversación más amena.

     Del 2015 para acá, sigo a Sonia, y la vi ser feliz, y la vi en ocasiones pasar momentos duros, pero aún así, su temple era admirable. Ayudó a tantos niños con cardiopatía a tener una mejor calidad de vida. Hace unos meses consiguió un corazón y fue transplantada. Conocer esa noticia seguía contribuyendo a la esperanza, a recargarnos de ese combustible que nos hace sentir que la vida tiene propósito. Hace unas semanas sin comprender bien la tómbola de la vida, la de Sonia pende de un hilo. Somos muchas las madres de corazón, que mentalmente le enviamos la fuerza, las buenas vibras y las oraciones, para que esa esperanza que ella sembró en nosotros germine y la llene de vida. Sonia, sé que no puedes leer esto, pero continuaré guardando la carta que enviaste a Ian, como el mejor regalo que se le puede hacer a un niño, la primera siembra de la semilla de la esperanza. Ese 2015 fuiste luz en mi casa, y cuando la luz tiene propósito, nunca se apaga. 


* Imagen sacada de pinterest

viernes, 1 de enero de 2021

La silla del hospital

“A veces, el mayor de los problemas, está en pensar demasiado.” - Desconozco el autor


La silla de un hospital es tremendo spot para uno pensar en la inmortalidad del cangrejo. De hecho, el sofá de mi casa, la cama, incluso una silla en la terraza han sido excelentes spots para eso. Bueno, para serles sincera, yo no necesito de un lugar exclusivo para pensar en la inmortalidad del cangrejo. Yo solo tengo que tener un momento de ocio, y el ocio, como dice el dicho, es mal consejero. Anyway, estoy sentada en una silla de hospital, por vez, creo que decimoquinta o vigésima desde finales de febrero de 2020, ya perdí la cuenta. Creo que esta ha sido la vez que más he llorado y pensado. Tengo tanto que hacer, sin embargo, estoy encerrada en cuatro paredes, con un frío “pelú” escuchando un sonido bastante annoying que está monitoreando las respiraciones y saturación de mi hijo. El sonido me molesta, por el hecho de que me anuncia que su saturación está baja. Mientras, el duerme, ausente, sordo al sonido, pero que también conoce. 


Me consume el encierro, no es el hecho de estar en cuatro paredes, es que estamos en protocolo de cuidado por el covid, y por los pasillos no se ve un alma. Así que solo me acompaña el que duerme, el hambre, el frío y el sonidito exasperante. Me consume el encierro, porque ya llevamos mucho tiempo así. Si no estamos encerrados en casa, estamos encerrados en el hospital. Y entonces el ocio es “pachanguero” el no puede quedarse en casa, cuando nos tocan estos journeys al hospital, el se monta en la guagua y como una lapa, se me pega, sabiendo todo lo que tengo que hacer. Se pone más imposible en el justo momento en que puedo tener una pausa, porque ya el niño tiene los cables pegados, y se ha dormido, y ya yo he contestado los mensajes de todos los que se preocupan por su salud. 


Sentada en la silla del hospital, pareciera que el cabrón se ensaña conmigo y pega a abofetearme. Pudiéndome recordar que tengo trabajo pendiente, que busque como hacerlo. Pero no, empieza a pasarme factura de todas esas cosas que me duelen o me molestan o que echo en falta. Y sin ser demasiado detallista, porque puedo herir susceptibilidades, y el ser humano es bien changuito, se dedica a hacerme recordar a las fulanas y fulanos, menganas y menganos, zutanas y zutanos de “mi” vida. Y en ese recorrer se me tranca la quijada, o siento esa punzada en el corazón,  pensando en el tiempo que dedico en martirizarme preguntándome ¿por qué?, ¿cuándo?, ¿dónde?, y ¿quién? ¿Por que no están, por qué no llaman? ¿Por qué todo ha cambiado?. Me crecen unos deseos enormes de agarrar al ocio por lo cuernos (ya les dije que es un cabrón) y decirle que está bueno ya, de irme a lalalandia y estar pensando si el cangrejo se muere o sigue vivo. 


Que hay cosas esenciales e importantes que merecen más mi atención que pensar en porque no me dijeron, no me dicen, o no me hacen parte. Que mi mundo es chiquito, pero pesa como si fuera enorme. Que no necesariamente tiene que pasar el año, para que todo lo demás pase. Que tengo que vivir en la armonía que tengo permitida, porque hay un pequeño ser humano, que necesita que mis pensamientos se centren más allá de las circunstancias. No sé esta vez, cuantos días pase en esta silla. Tampoco es que me quiera acostumbrar a ella. Como no quiero que mi hijo se acostumbre a la cama del hospital. Pero si estoy consiente que toca cambiar el pensar, las expectativas y las preocupaciones. Toca decirle al ocio, que mi mente prefiere incluso el sonido annoying de la máquina, la que por cierto, ya dejó de sonar. 


* “Pensar en la inmortalidad del cangrejo” es una frase comúnmente utilizada en Hispanoamérica para dar a entender que un sujeto está ensimismado, somnoliento o distraído.

Sacado de planoinformativo.com


*imagen sacada de Instagram 


sábado, 19 de diciembre de 2020

El contrato


 “ No hay forma de ser una madre perfecta, pero hay muchas formas de ser una buena madre.” - Jill Churchill 

     Hace más de 18 años, solicité un trabajo sin remuneración, muy al contrario, este me ha exigido todos estos años invertir sustancialmente. No existe un contrato a firmar cuando te conviertes en madre, pero si mientras creces, vas (una gran mayoría de las mujeres) haciéndote la idea de cómo serás cuando decidas traer niños al mundo. Como todo trabajo, porque ser madre, da un trabajo cabrón, hay una infinidad de tareas de rutina, y también están las letras pequeñitas. Esas que pasamos de largo, porque somos demasiado vagas para leerlas y encontrarles sentido. Entonces, durante los nueve meses de prueba, que ya vas tanteando como será la vaina, aunque el muchacho esté dentro de ti, las letras pequeñitas comienzan a tomar forma. Mi contrato de trabajo como madre, es bien diferente al contrato de otras amigas madres con las que comparto, o convivo. Ninguna, ni por casualidad, tendrá el mismo contrato, ni mucho menos las letras pequeñas. 


     El mío, 18 años más tarde, que fue cuando más caí en tiempo de la existencia del “disclaimer” dice así: “A la empleada contratada para ser la madre de Jan e Ian, denominada desde ahora mamá, madre, mami. Por este medio hacemos constar, que no importa cuánto intentes romper con las brechas generacionales, la maternidad no será perfecta como lo estás soñando desde el primer mes de embarazo. Puede que el crecimiento sea difícil, no importa cuánto conocimiento tengas en educación especial, muchas terapias y tratamientos no te van a funcionar. No importa cuántas soluciones busques, después de 6 años el trabajo se te hará más complicado. Se te dará un aumento de trabajo en esta área, que pensarás que no tiene fin. No importa cuánto eduques, la hermandad tampoco será tarea fácil. Y tendrás que lidiar con eso, mientras consigues un trabajo a tiempo parcial, porque este trabajo de ser madre, solo da paga intangible. Es importante establecer en estas líneas, que serás señalada, por muchas personas, pero ninguno de ellos se pondrá en tu lugar, para entender tus estrategias para cumplir con las tareas que este trabajo tanto demanda. Habrá incluso tareas más difíciles de realizar, que crearán los siguientes diagnósticos: ansiedad, frustración, burnout, entre otros. Es lamentable tener que informarte que estos diagnósticos no son suficiente razón para que renuncies a este trabajo, pedir vacaciones o compensación. Cuando decidiste solicitar este trabajo el 19 de mayo del 2002 y decidiste solicitar una renovación el 17 de marzo de 2009, ya debías estar al tanto de todo lo que conllevaba el mismo. Sabemos que era necesario que leyeras las letras pequeñas antes de solicitar el mismo, pero ya estás aquí, por tiempo indefinido.”


     La realidad es, que el 2020 ha estado cabrón, más en este trabajo de ser madre, que en el trabajo a tiempo parcial que me ayuda a sobrevivir. He tenido la frustración de ver lo difícil que se le ha hecho a mi hijo mayor la adultez, ese que tanto me señalaron que fui muy fuerte con él. Ese que busqué (y sigo buscando) todo lo necesario para que la adultez no le dé en la cara. Y he tenido que lidiar con ese evento y un niño que lo único que ha visto en todo un año son temblores, pandemia y hospitales. 


No, no me estoy quejando de la maternidad, hay momentos maravillosos, hay premios, hay ganancia, pero esta bueno de querer decirle a los demás cómo hacer este trabajo que es tan individualizado. Mamá, madre, mami que me lees, la maternidad es lindísima , y también es la mejor forma de descabronarte. Nunca tendrás tiempo de leer las letras pequeñas. Pero si eres una dura, podrás disfrutar de este trabajo que no tiene jubilación. Te abrazo.  


*imagen de cadenaser.com

sábado, 11 de julio de 2020

¿Qué es la normalidad?

La normalidad es un camino pavimentado: es cómodo para caminar, pero nunca crecerán flores en él”. -Vincent Van Gogh

     Luego de varios meses de cuarentena, con las debidas precauciones he comenzado a salir más. La parte que más me atormenta de salir, es el uso de la mascarilla. Siento que me asfixio, y que mis orejas están a punto de colapso. Cada vez que estoy en ese proceso, me crece la admiración, por quien desde el día uno, ha tenido que adaptarse por muchas horas al uso de ellas. Y en el proceso, he comentado, “No sé si estoy preparada para esta nueva normalidad.” Pero, ¿qué es la normalidad? La RAE me da varios significados para definir “normal” como por ejemplo 2. adj. Habitual u ordinario. 3. adj. Que sirve de norma o regla. 4. adj. Dicho de una cosa: Que, por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano. Por su parte, el filósofo francés Michel Foucault decía que lo normal es lo que hay que hacer, el comportamiento que una sociedad considera como propio. Por lo que ajustándose a esas definiciones quizás entendamos que lo normal es lo correcto. 

     Estas semanas o meses, vaya uno a saber, de acuerdo a la normalidad de cada persona, he visto y vivido la normalidad, como ese proceso, donde me sacan de mi zona de comfort. O sea, como si de la teoría de supervivencia se tratara, la vida, el mundo, las circunstancias, Dios, me está obligando a adaptarme a una nueva normalidad. Y no, no me refiero solo a la mascarilla. Entonces, en el proceso, te pones a cavilar ¿qué es normalidad? Pues antes, era levantarme a las 6 am para prepararme, preparar desayuno, levantar los niños y fielmente como llevo haciendo durante 13 años, tomar la misma ruta y llevarlos a la escuela e irme a trabajar. 

     Normalidad era, salir en la tarde y tomarme un café, o un trago, en algunas ocasiones con amistades, o sola. Buscar actividades extra curriculares a los niños para que como los niños de los demás, hagan cosas diferentes y que de una vez, se les despierte la vena artística. Ir a la universidad, y sentarme horas a leer, escribir o estudiar, porque la normalidad me dice que debo seguir luchando por ser un poquito más. 

     En el manual inexistente de la normalidad, nunca me explicaron, que la normalidad, no es necesariamente lo correcto, y que me iba a tocar vivirla desde otras perspectivas. Como tener que ir al hospital varías veces, y tener que decir, “La saturación normal de mi hijo es entre 95-99 porque el tiene una condición del corazón.” “Es normal que sude tanto, es que su corazón trabaja más.” “Prefiere pastillas a líquidos, es normal, las toma desde pequeño.” “Hoy se ha pasado durmiendo, es normal que se canse, tiene un corazón diferente.” Entre otras aseveraciones a lo largo de 11 años. El manual inexistente de la normalidad, me explicó que un niño tiene que saturar en 99 o más, que es normal que sude cuando hace calor y ha estado activo, y por lo tanto, debe cansarse. Me explicó que el uso excesivo de medicamentos hace daño, y que lo niños no deberían consumirlos. 

     Si les digo la verdad, una sola entrada no me daría para hacer un análisis exhaustivo de la normalidad de todos, y de la normalidad que se vive cuando tienes un niño con una condición de Salud que no se cura, y que con él pasar de los años se transforma. El problema como diría Arjona, ”no es el daño, el problema son las huellas.” Repercute en dejar de hacer inexistente el manual de la normalidad, y explicarle, que eso que el vive es la norma, aunque no exista una zona de comfort ni sea lo correcto. Con todo lo que estamos viviendo, ya no podemos dar por sentado que es normal y que no. Tenemos que vivir con el constante cambio que a veces la montaña rusa que llamamos vida nos pone de frente. Doloroso por demás, porque nadie quiere ser “anormal” caer en lo incorrecto. Sin embargo, como dijo Forrest Gump, “La vida es una caja de chocolates, nunca se sabe lo que te va a tocar.” Y eso, es una normalidad. 

lunes, 18 de mayo de 2020

Los dulces 18- Breve carta a mi hijo mayor

“Sé que sientes una gran felicidad porque te convertirás en un adulto pero también tengo que recordarte que tendrás muchas más responsabilidades.” - Autor desconocido 

     Cumplí 18 años hace unos 25 años, en el 1994, el mismo año que me graduaba de cuarto año. Ya tenía licencia de conducir, pero no tenía carro y me ganaba algunos dólares, haciendo tarjetas de presentación. Con los 18 llegó el regalo de mi madre: “Si quieres ir a la universidad, te tienes que ir a trabajar.” Entonces le dije que me quería ir a estudiar a San Juan y lo completó con: “Es en Ponce o nada.” Así que mientras muchos comenzaban rápido la universidad, yo entré 6 meses más tarde, cuando ya tenía un trabajo. Y por cuenta de tener un trabajo, lo que normalmente se supone se tome 4 años, a mí me tomó 6, una porque empecé tarde, otra, porque en un momento determinado hice “drop out”. No voy a venir con el comentario clichoso de “yo no volvería atrás”, yo sí, yo regresaría, si tuviera esta experiencia, claro, y trataría de hacer, todo lo humanamente posible diferente. Rememoro todos mis procesos de estupidez humana, y me pregunto constantemente. “¿Cómo no pude pensar mejor las cosas?” Sencillo, dice esa vocecita, no había quien te encaminara.

     Entonces, 25 años más tarde, me dan en la cara los 18 años de mi hijo mayor. Justamente como la madre, cumpliéndolos al terminar el cuarto año, con una licencia de conducir, y un carro en la marquesina, que espera paciente que pase la pandemia para poder ser arreglado y utilizado; y un trabajo. Esperando la respuesta de la universidad, porque a diferencia de hace 25 años atrás, se le dijo que se fuera a estudiar en otro pueblo y él fue el que decidió que se quedaba en el suyo. 

     A ti, mi hijo, que cumples 18. Los 18 años no son una recompensa, son un reto. Los verás como esa carrera, donde pasas la cinta, y crees haber llegado a la meta; pero no. Es una carrera de intercambio de batones. Cuando crees haber llegado, entonces empieza la otra parte. Llegan los 18 y con ellos llegan las responsabilidades más fuertes. Como esa de que tu estómago no es el único que tiene que estar lleno, porque sin gasolina el carro no se mueve. Recordar que si no se saca la basura, la cocina se llena de moscas. Ya no puedes preguntarte qué de importante tiene escribir un ensayo, porque el solo hecho de escribir correctamente cambiará el sentido de las cosas. Tendrás que empezar a decidir, entre tener horas en el trabajo que te ofrezca sustento, o pasarla bien con amistades o tu novia. Los 18 son la antesala a la vida adulta, que decidirá si será fructífera o un fracaso. Cuando pasen los meses, no sabrás si quieres cumplir 19 o si era mejor quedarte en los 17. Pero, no queda de otra, “el show debe continuar”.

     Querido hijo que cumples 18, disfruta la etapa, pero no lo veas como la puerta a una Libertad condicionada, como diría el genio de Aladdin: “No te sirvas de esa copa.” Utiliza en este pase de batón, todas las herramientas para convertirte en un hombre de bien. Aprende, cómo en esas carreras de Mario Kart, a esquivar lo que no te es conveniente, siempre la meta, te llevará a otra carrera. Disfruta los 18 años como el proceso de vida que es, sin excederte. Bienvenido a la adultez, tú solo decides en este camino, si los juegos del hambre, acaban de comenzar. Yo, te tengo Fe. 

¡Feliz Cumpleaños!

viernes, 8 de mayo de 2020

Transición

“Conforme avanza tu transición por la vida, te vas dando cuenta de que no eres la misma persona que eras antes.” - Desconozco el autor 

     Sinónimo de cambio, de pasar etapas. Como maestra de educación especial de nivel superior, la palabra transición es parte de mi cotidianidad. Los estudiantes de educación especial, además de las tareas académicas, también tienen que pasar por el proceso de la llamada transición a la vida adulta. Sin embargo, en el ámbito educativo, los niños pasan por una serie de transiciones. Por ejemplo, de preescolar a kínder, de kinder a primero, de tercero a cuarto, quinto a sexto, octavo a noveno, undécimo a duodécimo y Universidad. Por lo que se puede por una parte entender, que toda la vida se nos va en “transicionar”; si, es un disparate. 
Y si lo vemos desde cierto punto de vista, cuando “nos movemos” en ese cambio de la universidad, y cumplimos la mayoría de edad, y nos hacemos adultos, donde con la adultez llegan las responsabilidades más fuertes, y no me refiero a tener familia, sino a esa de mantener un trabajo, y poder pagar el carro y la casa; la transición se convierte en un disparate, en un engaño, y nos preguntamos miles de veces, ¿cuál era el apuro de crecer, decían? 
     
      Una de las transiciones que más valoro, y ya no sucede como antes, son las llamadas graduaciones. Soy defensora de ese acto, que aunque a veces es largo y tedioso, es uno de los actos que te ayudan a identificar en qué lugar de la vida estás parado. Todos los años de una manera u otra, algunos compañeros y yo, hacemos adopción de algún estudiante que no quiere ir a la graduación de cuarto año, por la razón que sea, y lo convencemos de que participe. 
     
      Este año era para mi sumamente importante la graduación de cuarto año de mi escuela. Mi hijo mayor es parte de ese grupo de jóvenes que les tocaba desfilar con sus togas y recibir el simbólico diploma de escuela superior, el papel que completa la transición a la adultez. Con la terminación de su cuarto año, llegan sus 18 años, excelente y sabrosa combinación, si les soy sincera. Es aquí, donde se separan los niños de los hombres, y dejo en la sociedad a un muchacho que ya se afeita la cara, que trabaja, que tiene permiso de conducir, y pronto pisará alguna universidad. Con su transición también va la mía, esa de mamá gallina, que tiene que dejar que el polluelo ya más grande vaya en busca de cómo satisfacer sus necesidades. 
     
      Mi hijo mayor, ha tenido unos estudios superiores bien atropellados. Su grado décimo se vio afectado por el huracán María, y su cuarto año por temblores y la pandemia. Ha tenido que “transicionar” más de lo que normalmente un adolescente está expuesto. Lo que a veces hace que los errores normales de un adolescente se vean con más ojo crítico. En dos semanas aún sin graduación física, mi hijo puede decir que terminó su enseñanza superior, y cumplirá 18 años, por lo que podrá jactarse de que es “mayor de edad”. Solo espero que las experiencias vividas, a las malas y a las buenas, le ayuden a “transicionar” de forma adecuada en la vida. Y que nunca tenga que preguntarse, ¿cuál era el apuro en crecer?

viernes, 21 de febrero de 2020

Soltar y Fluir ¿una resistencia o un estilo de vida?

“Tienes que fluir, para que la vida no te aplaste.” -Conozco el autor, pero prefiere el anonimato.

     Fue entre el 2011 y 2012, que me sumí en una depresión que atentó contra mi apetito combinándose con una anorexia que me dejó con un peso de ensueño de 147 libras. Fue durante ese proceso, que hablando con un amigo, me dijo: “Tienes que fluir, cuando decides fluir la vida no te aplasta.” Y como un Aura decidí comenzar a probar eso de ser como un rio, he ir fluyendo por la vida, con las circunstancias. Si como de una confesión se tratara, debo expresar que fluir, es un poquito tortuoso. No creo que haya un río que tenga una corriente limpia y libre por la cual puede fluir sin ningún obstáculo. Así que, cuando se decide fluir, es bien importante entender, que quizás la vida no te va a aplastar, pero si te va a poner tus peñones en el camino para que aprendas a adquirir destreza y resistencia, o lo conviertas en un estilo de vida. 

     Así que recapitulando tres mil y pico de temblores después, vivo en el sur de Puerto Rico donde lleva temblando desde el 28 de diciembre de 2019, he llegado a la conclusión que llevo fluyendo cerca de 37 años. Y no me había dado cuenta, hasta después de semana y media donde sentí, que aparte de la tierra, me estaba temblando, con pasión, mi salud emocional. Entonces, comienzo a rememorar esos cantazos que me ha dado la vida, y como con ellos he tenido que soltar y fluir. Como por ejemplo, (solo voy a mencionar los más fuertes a mi entender, imagínese yo contándole aquí casi 44 años de mi vida), cuando a los seis años mis papás se divorciaron, y yo de alguna forma, flui y borré cinta de cualquier recuerdo anterior a ese momento. 

     O puedo también contarles del día que fui a visitar a mi papá a su trabajo, y me enteré por sus compañeros que se había ido del país con su esposa e hijos; sin avisarme. Iba caminando desde la casa de mi abuela, hasta el trabajo de él, que venían siendo como unas dos cuadras, así que imagínese ese regresar, con el corazón completamente destrozado. Es casi seguro que algo se soltó en ese momento y tuve que fluir en el camino de regreso. Más interesante aún, fue saber de su regreso y encima llamarle, darle la dirección de mis actos de graduación de noveno grado y que nunca llegara. Las pocas fotos que tengo rescatadas de ese momento muestran la sonrisa de alguien que soltó y fluyó con el fin de disfrutar algo importante. 

     Rayos, creo que si sigo dándoles ejemplos, esta entrada se hará muy larga y ustedes seguramente se aburrirán. Pero en el camino, he pasado innumerables de situaciones que me han puesto a prueba, y que han sido casi la antesala para recibir un aplastamiento salvaje de parte del mundo. Y como diría un personaje puertorriqueño conocido como Súper Moncho: “Estoy viva.” No he tenido una vida medianamente fácil, y no me estoy victimizando, no ha sido fácil y ya. Hay veces que se piensa que si una familia es pequeña, las circunstancias se harán más cómodas y los conflictos serán menores, pero no hay nada que identifique más contrariamente ese argumento que el dicho que dice: “Pueblo chico, infierno grande.” 

     He tenido que trabajar en mi, y tratar de mejorar con mis hijos, esas cosas que casi me aplastaron en mi adolescencia, y que no es hasta ahora que me doy cuenta, que lo que hice sin entenderlo en aquel momento fue soltar y fluir. Sigo perdiendo en el camino “amigos”, “familia” y todas esas cosas que consideré importantes en algún momento, porque entendía que eran necesarias para mi estilo de vida, para complementarme. Creo que me he quedado en esa dinámica de lo que es una familia pequeña. Tres mil y pico de temblores después, porque aquí no ha parado de temblar, pero quizás un poco más centrada emocionalmente, con más aprendizaje en el cuerpo, (a veces aprendes más en una semana que en casi 44 años), puedo decir, que fluir y soltar hace mucho tiempo quizás fue mi resistencia, pero hoy, con un círculo cada vez más pequeño, y con una Ohana más pequeña aún, puedo decir, que es un estilo de vida. 


martes, 31 de diciembre de 2019

Un rompecabezas

“Ten paciencia, todo está acomodándose.” - Autor desconocido

     Si hay un artículo que tiene un nombre totalmente correcto, es el rompecabezas. Tengo que aceptar que es un modo de entretenimiento muy bueno, y que te ayuda a trabajar con los diferentes sentidos. Y si eres de estas personas que puede pasar horas largas mirando formas , colores y espacios, definitivamente es una buena opción. Ahora bien, si yo tuviera la oportunidad de cambiarle el nombre a los rompecabezas, el nombre que más se le acercaría es “Módulo de adquisición de paciencia a corto plazo”. Les voy a explicar, no es que yo sea amante a los rompecabezas, pero como dije anteriormente es un excelente método para trabajar el motor fino, así como poner a trabajar la cabeza tratando de descifrar el lugar correcto de una pieza. Así que en mi casa, mis hijos han tenido varios rompecabezas. Ahora bien, en esta navidad ha llegado a mi casa, como regalo de navidad de parte de una amiga, un rompecabezas maravilloso, simplemente por el hecho de que es relacionado al principito. 

     Como muchos saben, soy fanática de este personaje, hasta el hecho de que en alguna forma he logrado relacionar mi vida con mi hijo menor con la historia. Ian ha sabido ser principito, rosa, cordero, planeta, estrella y en ocasiones ha sido para mi desesperación baobab. Así que volviendo al rompecabezas, que en realidad fue un regalo para Ian, él en compañía de una de sus primas, comenzaron la gran tarea de montar. Fue en cierta parte un poco jocoso, escuchar en la cocina las peleas de estos dos seres de tan diferente edad, el 10 y ella 21 mientras decían: “no, eso no va ahí”, “no, así no”, “no hagas eso”, “te dije que esa no era la pieza”. Llegó el momento de salir y ellos volvieron a colocar el poco trabajo hecho en la caja. Yo me quedé pensando como un simple rompecabezas de 200 piezas de tan hermosa imagen podía romper con la paciencia de dos seres tan jóvenes. Hasta que me tocó. 

     De primera instancia ya le había dicho a mi esposo, que cuando se montara el rompecabezas, no se iba a desmontar. Yo quiero laminarlo y que Ian lo coloque en su cuarto. No tengo mucho espacio en mi casa, para tener un rompecabezas a medio montar, así que yo asumía que esto iba a ser trabajo fácil. Al otro día, Ian me pidió que comenzáramos de nuevo la tarea. En un rato con su “supervisión” había logrado montar el marco, el principito, la flor y el planeta. Entonces, surgió algo realmente impresionante. No nos fijamos, que la parte de arriba del rompecabezas era toda del mismo color. ¿Saben que pasó? Por un momento sentí, como toda la magia del momento se me deshacía entre las manos y me creaba dolor en la espalda y las piernas, cansada de ver que no iba a tener una solución rápida al trabajo por hacer, me levanté y no quise mirar más el rompecabezas. Un rato después, Ian me volvió a pedir que retomáramos, hastiada le respondí que no tenía ganas, que después. 

     Y mientras pasan los días y sigo viendo sobre el piso de la sala la obra a medio terminar, pienso que la vida es eso, un rompecabezas, “un módulo de adquisición de paciencia a corto plazo”. La vida no viene con una imagen previa de cómo debe quedar, o como se debe seguir, pero está llena de piezas que vamos encajando para lograr darle forma. En el proceso, al igual que mi hijo y mi sobrina, escucharemos esas peleas en nuestra cabeza, “no, eso no va ahí”, “no, así no”, “no hagas eso”, “te dije que esa no era la pieza”. De igual forma, algunas las obligaremos a encajar y después dolerá arreglar los raspones que produjo tratar de que algo encajara donde no iba. Pero en el proceso, seguimos dando forma, trabajando con nuestros sentidos, aprendiendo nuevas estrategias de supervivencia, aprendiendo a manejar la virtud de la paciencia. 

     No sé cuánto tiempo más, estará en el piso el rompecabezas, hoy mi esposo intentó y desvariado dijo que el rompecabezas no era como la lámina. Creo que el “módulo” también comenzará a trabajar sobre él. Ian también se volvió a sentar a mirarlo, se levantó y se fue a su cuarto. Yo sigo aquí, viendo cómo he logrado no sucumbir a la tentación de guardar el trabajo ya hecho. Este año que comienza sé que promete mucho, tengo un adolescente a punto de convertirse en adulto, y que su rompecabezas está muy desordenado aún. Y un preadolescente que ama jugar con todas las piezas que suponen su vida, aun cuando me vuelva loca. Y está mi vida, esa que llena de piezas que quise encajar a la mala, he destinado a sacarlas aparte, porque es bien claro, que no pertenecen a mi rompecabezas. La paciencia, ha entrado a mi vida, más que una virtud, como un maravilloso estilo de vida. Mientras, seguiremos intentado, terminar el rompecabezas del principito.