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viernes, 21 de febrero de 2020

Soltar y Fluir ¿una resistencia o un estilo de vida?

“Tienes que fluir, para que la vida no te aplaste.” -Conozco el autor, pero prefiere el anonimato.

     Fue entre el 2011 y 2012, que me sumí en una depresión que atentó contra mi apetito combinándose con una anorexia que me dejó con un peso de ensueño de 147 libras. Fue durante ese proceso, que hablando con un amigo, me dijo: “Tienes que fluir, cuando decides fluir la vida no te aplasta.” Y como un Aura decidí comenzar a probar eso de ser como un rio, he ir fluyendo por la vida, con las circunstancias. Si como de una confesión se tratara, debo expresar que fluir, es un poquito tortuoso. No creo que haya un río que tenga una corriente limpia y libre por la cual puede fluir sin ningún obstáculo. Así que, cuando se decide fluir, es bien importante entender, que quizás la vida no te va a aplastar, pero si te va a poner tus peñones en el camino para que aprendas a adquirir destreza y resistencia, o lo conviertas en un estilo de vida. 

     Así que recapitulando tres mil y pico de temblores después, vivo en el sur de Puerto Rico donde lleva temblando desde el 28 de diciembre de 2019, he llegado a la conclusión que llevo fluyendo cerca de 37 años. Y no me había dado cuenta, hasta después de semana y media donde sentí, que aparte de la tierra, me estaba temblando, con pasión, mi salud emocional. Entonces, comienzo a rememorar esos cantazos que me ha dado la vida, y como con ellos he tenido que soltar y fluir. Como por ejemplo, (solo voy a mencionar los más fuertes a mi entender, imagínese yo contándole aquí casi 44 años de mi vida), cuando a los seis años mis papás se divorciaron, y yo de alguna forma, flui y borré cinta de cualquier recuerdo anterior a ese momento. 

     O puedo también contarles del día que fui a visitar a mi papá a su trabajo, y me enteré por sus compañeros que se había ido del país con su esposa e hijos; sin avisarme. Iba caminando desde la casa de mi abuela, hasta el trabajo de él, que venían siendo como unas dos cuadras, así que imagínese ese regresar, con el corazón completamente destrozado. Es casi seguro que algo se soltó en ese momento y tuve que fluir en el camino de regreso. Más interesante aún, fue saber de su regreso y encima llamarle, darle la dirección de mis actos de graduación de noveno grado y que nunca llegara. Las pocas fotos que tengo rescatadas de ese momento muestran la sonrisa de alguien que soltó y fluyó con el fin de disfrutar algo importante. 

     Rayos, creo que si sigo dándoles ejemplos, esta entrada se hará muy larga y ustedes seguramente se aburrirán. Pero en el camino, he pasado innumerables de situaciones que me han puesto a prueba, y que han sido casi la antesala para recibir un aplastamiento salvaje de parte del mundo. Y como diría un personaje puertorriqueño conocido como Súper Moncho: “Estoy viva.” No he tenido una vida medianamente fácil, y no me estoy victimizando, no ha sido fácil y ya. Hay veces que se piensa que si una familia es pequeña, las circunstancias se harán más cómodas y los conflictos serán menores, pero no hay nada que identifique más contrariamente ese argumento que el dicho que dice: “Pueblo chico, infierno grande.” 

     He tenido que trabajar en mi, y tratar de mejorar con mis hijos, esas cosas que casi me aplastaron en mi adolescencia, y que no es hasta ahora que me doy cuenta, que lo que hice sin entenderlo en aquel momento fue soltar y fluir. Sigo perdiendo en el camino “amigos”, “familia” y todas esas cosas que consideré importantes en algún momento, porque entendía que eran necesarias para mi estilo de vida, para complementarme. Creo que me he quedado en esa dinámica de lo que es una familia pequeña. Tres mil y pico de temblores después, porque aquí no ha parado de temblar, pero quizás un poco más centrada emocionalmente, con más aprendizaje en el cuerpo, (a veces aprendes más en una semana que en casi 44 años), puedo decir, que fluir y soltar hace mucho tiempo quizás fue mi resistencia, pero hoy, con un círculo cada vez más pequeño, y con una Ohana más pequeña aún, puedo decir, que es un estilo de vida. 


martes, 22 de enero de 2019

Te amo más

“Amar es darte un lugar en mi corazón para que te quedes como pareja, padre, madre, hermano, hijo, amigo y saber que en el tuyo hay un lugar para mí. Dar amor no agota el amor, por el contrario, lo aumenta.” - El Principito Si hay algo difícil y fácil de hacer en esta vida es querer y amar. Simplemente porque decidimos dividirlo en cuestiones de cantidad, intensidad y personas. Si te entregaran una lista de las personas que existen en tu vida, cercanas y lejanas y comenzaran a preguntar qué sientes por cada una de ellas, responderás todas las palabras relacionadas al amor, pero la respuesta nunca será, que los amas a todos. No recuerdo en mi niñez muchas muestras de amor. Ni hacia mi, ni entre las personas con las que convivía. Así que cuando comencé a hacer amigos, el proceso fue bastante extraño, y tendía a tener apego. Con el paso de los años, siendo adolescente, comencé entonces a experimentar eso del amor, eso de amar, cuando me enamoré. Sin embargo, en lo que se entendía que era amor, se cometen un millón de errores, por la falta de entendimiento del sentimiento. Entonces, en aquel momento, en mi ingenuidad, solo se amaba a las parejas, a esas personas de las que te enamorabas. También se amaba a tu familia, a esa que se supone que está ahí para ti. Ese pensar me duró toda la adolescencia, y me acompañó hasta que cumplí 31 años.

A los 31 años conocí a una mujer maravillosa. Una mujer que aunque tenía unos 10 años menos que yo, me enseñó muchísimo. De todo lo que me enseñó, lo más que aprendí de ella fue sobre amor. Y créanme, no era tampoco que ella fuera un amor todo el tiempo. Ese taponcito de mujer tenía un genio de los mil demonios. El día que esa mujer, en una conversación me dijo que me amaba, lo primero que hice fue mirarla con cara de: “¿es en serio?”. No, esa mujer no estaba enamorada de mi. No era como dicen por ahí “del ambiente”. Era una mujer que tenía una mentalidad del amor muy diferente a la mía, a la de muchos. Con ella aprendí, que eso de amar, no querer, no apreciar, amar, se podía sentir con cualquier ser humano con el que tuvieses contacto, y que por alguna razón, son una parte fundamental en la vida, en mi vida.

Así que en la entrada de los 30, aprendí a amar, a mucha gente más allá del enamoramiento. Amar porque me nace si me siento amada o querida o importante. Amar, porque amar te da luz, magia, vida. Amar con espacios, con tiempo, con cantidades con intensidad. Cuando mi hijo menor tenía dos o tres años, al decirle que le amábamos, su respuesta era decirnos, “amooo, más que tú.” Por lo que si se tratara de una competencia “sana”, a las personas que son parte de mi vida, a esas que amo con una intensidad inmensa que a veces no puedo describir, a esas que no importa si son niños, mujeres, hombres, les diré que les amo más. Porque cuando te toca aprender a destiempo, el verdadero significado del amor, amar se convierte en un estilo de vida, y se tiende a amar en inmensidad; o sea más.