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jueves, 21 de noviembre de 2019

Mi vida es un refrán...

“Nunca dejes de aprender, porque la vida nunca deja de enseñar.”- anónimo 
     
     O una metáfora, vaya usted a saber. Como diría esa canción de Luis Enrique “la vida es irónica”, y en mi caso los genes no perdonan. Creo que por algún lado escribí que había heredado de mi difunta madre, esa cosa de ser irónica y sarcástica. También heredé esa manía de colocarle un refrán a cada situación, heredé su cara, heredé esa maldita manía de sufrir por quien no me quiere, me aprecia ni me valora, pero no heredé sus tetas, esas que ella pregonaba haber amamantado dos muchachos y que mantenía “paraditas” mientras yo, solo había medio amamantado a uno, y la fuerza de gravedad me jugó una mala pasada. 

     Entonces, (ya saben, la muletilla) voy dándole casco a cada cosa, y mientras le suelto un refrán, aprendo. Como cuando quiero ser la más dada, buena gente, ayudar, (sin que me lo pidan, joder) y lo que resuelvo con eso, es recordar esa expresión tan sutil de ella, cuando me decía: “El que se baja mucho, se le ve el culo.” Ya ustedes saben, de todos los expertis que tengo, “pedirle peras al olmo” es uno (Ahí va otro refrán). Hay que aceptar, que la empatía, y ser buena gente, a veces no trae los frutos esperados. De igual forma, puedo recordar, en el mismo tema, cuando se trata de “seguir” siendo buena gente, o sea, te aclaro, te prestas, alzas la mano como niño insistente que se sabe la respuesta a la pregunta de la maestra, te zumbas con todo el ímpetu, y ¡zas! “Tanto nadar para morir en la orilla”. Dicen que cuando eres maestro nunca dejas de aprender, y yo me doy como mínimo un cantazo al día, y aprendo, y reflexiono, y aprendo y reflexiono, y “como la burra al trigo”, vuelvo y meto la pata. 

     Tengo que dejar claro que me encanta aprender, aunque preferiría que el aprendizaje no doliera. ¿Cuál es la necesidad de caerse para entender dónde no debo pisar? Porque como le decía a una amiga, todas las caídas sean físicas o emocionales son estúpidas. No en balde se aclara ante esos procesos de estupidez humana, “que vuelve uno a tropezar con la misma piedra”. Y aunque en el momento cíclico de aprender y reflexionar, uno quisiera encontrar a quien echarle la culpa, siempre cabe destacar, “que la culpa, es huérfana”. Así que bien corresponde, abrir un centro de adopción, y aceptar ese porciento de paternidad o maternidad que tenemos sobre ella. Hay que recordar que “tanta culpa tiene el que mata la vaca como el que le aguanta las patas”.

     Esto no significa que “por mucho madrugar amanezca más temprano”, y que todo irá fenomenal, pero seguimos adquiriendo aprendizaje en el proceso. Si fuéramos a hablar de esas cosas que heredé de la que me parió, hubiera preferido heredar la mano para coser, y para cocinar para muchas personas. También hubiera preferido heredar la capacidad de la organización que tenía, yo soy la estaca donde amarran a la gente desorganizada. Pero, me tocó heredar lo que la genética entendió necesario que me ayudaría a vivir y aprender, aunque sea a golpe y porrazo. Así que también me heredó la capacidad de acompañar las situaciones con una buena retahíla de palabras altisonantes. 

     Así que si un buen día usted me ve con el sarcasmo a flor de piel, acompañado de metáforas, refranes y un coño o un carajo, sepa que estoy en proceso de aprendizaje, haciendo uso de eso que heredé de mi mamá. 

martes, 1 de octubre de 2019

El sutil arte de anudar

“Muchos nudos y muchos enganches...se ha liado muy bien, si es que se trata de que aguante. Nudo listo quedó, y listos o no. Hay que intentar desatarlo aunque fuerte se ató. Nadie así se esforzó, de pecho hoy doy el do. ¡A Desatar Lo Indesatable voy yo!” Fragmento de una canción del programa infantil Phineas and Ferb. Referencia al nudo Gordiano de Alejandro Magno. 
Imagen de Google

Aprendí a anudar creo que en 2011, cuando se pusieron de moda las gomitas con las que los niños hacían pulseras. Para motivar a mi hijo mayor, un preadolescente en ese entonces, busqué vídeos de YouTube y le compré gomas por montones. Al final, fui yo la que “jugaba” más con las gomas que él. Por cuestiones relacionadas a un anuncio sobre toxicidad de las gomas, las echamos a un lado y comenzamos entonces otro proyecto. Hacia tiempo que le había comprado una cajita con cordones para hacer las llamadas pulseras de supervivencia. Y al igual que con las gomas, entre de nuevo a YouTube y aprendimos a anudar. Adolescente al fin, no le llamó mucho la atención esa dinámica de hacer nudos. Sin embargo, yo descubrí algo, anudar, al igual que escribir era una forma de relajarme. Así que lo convertí en un estilo de vida. 

Quizás a simple vista, cualquiera puede hacer un nudo, pero si buscas, hay miles de formas de anudar, cada cual con su nombre, cada cual con un tipo de cordón e hilo diferente. Yo aprendí una gran variedad de ellos, algunos de memoria, otros tenía que regresar a los vídeos para poder retomarlos. Lo bueno de los nudos, es que si no los aprietas muy fuerte, puedes deshacerlos. En ocasiones el coraje me ganaba cuando ya terminado un trabajo, debía deshacerlo y comenzar de nuevo. Aunque soy bastante diestra, el solo hecho de ver perdido el trabajo, ya causa bastante frustración. 

Así me pasa en otros aspectos de la vida. He mantenido ese sutil arte de querer anudarme a las personas que a mi entender, deben ser parte de mi vida. Sin embargo, cuando de personas se trata, tengo la mala costumbre de hacer nudos fuertes y esos la forma más rápida y certera de deshacerlos, es cortándolos con una tijera, aunque en el intento, se corte algo más que el hilo. Hace un tiempo, me tomé la leyenda del hilo rojo muy a pecho, y pensé que era del todo cierta esa cuestión de que algo te ata a ciertas personas que están destinadas a ser parte de tu vida. 

Luego de tener que manejar una catarsis, como me dijo una amiga, tipo Huracán Dorian, estacionaria y con severas inundaciones, he recapitulado. No siempre se deben creer todas las leyendas, por algo se llaman leyendas, porque tienen algo de imaginario. No siempre lo que creemos conveniente, es beneficioso, aunque a veces nuestro ser caprichoso nos quiera hacer creer que si. Así que aunque cuando ya tenga una situación anudada, muy fuerte, debo aprender a “desnudar” o a cortar, aunque cuando use la tijera, me corte un poquito el alma. Obviamente dolerá el proceso, pero es parte de esos sutiles aprendizajes que se adquieren a destiempo. 

domingo, 30 de diciembre de 2018

Virtudes

“Cuando aceptas tus defectos, nadie podrá usarlos en tu contra.” - anónimo

      Hablemos de virtudes, pero no me refiero a esas cosas buenas que nos caracterizan, no, realmente voy a hablar de esas cosas que realmente son nuestros defectos según los ven otras personas.  Sin embargo,  yo en estas líneas les daré un giro diferente y las convertiré en virtudes. Todos los años, hacemos resoluciones con la llegada de un año nuevo. Las mismas a veces pasan de año en año, como esa de bajar de peso. De igual forma, en ocasiones nuestras resoluciones pueden ser; cambiar. Cambiar no es un proceso fácil, ni de la noche a la mañana, vale que para cambiar, primero tenemos que querer hacerlo. Pero, ¿qué es lo que tenemos que cambiar? Pues, ese sinnúmero de defectos que otras personas ven en nosotros, y que ellos catalogan como “malos”. Por ejemplo, hace como 5 años, en medio de una acalorada discusión, una persona, con la boquita que utiliza para comer me dijo: “ Tu problema es que demuestras con la cara cuando algo te molesta, y abres la nariz... etc. Por ahí siguió una retahíla de otros adjetivos que ahora mismo no vienen al caso. En aquel momento pensé: “¿Qué yo hago que puñeta con mi nariz?” Estuve meses comiéndome el cerebro con esa vaina de que hablo con la cara, los ojos y ahora la nariz. Hasta que un día, en una reunión del trabajo, los ánimos se caldearon y yo tensé mis hombros, y pude sentir, como se me abrían las fosas nasales, “oh, joder! entonces es cierto, cuando me enojo, me pongo en posición de bramar”, sí, como los toros. Al darme cuenta de esto, fue casi para unas navidades también, había hecho una resolución de año nuevo, me pondría frente al espejo, y practicaría eso, de no hablar con los ojos, con la cara y más aún, aprendería a no bramar, eso solo lo hacen los toros. 

      Otra virtud (mala) que tengo, es esa de tener un sarcasmo con vida propia. Lo sé, mis comentarios, los cuales defiendo porque son espontáneos (de verdad) pues obviamente no son bien vistos, o escuchados. Muchas personas no se toman el momento de analizar lo que escuchan, y si se sienten atacados menos. Por eso es tan importante, llevar una vida, donde no tengas que andar a la defensiva siempre que te quieran hacer un comentario, darte una idea, o simplemente preguntarte algo. De las cosas que de una forma u otra he heredado de mi mamá, una es esa, la ironía, el sarcasmo. Solo que ella era así, natural, lo tiraba y después quizás, pedía perdón. Yo lo he adoptado como una especie de resistencia, una que me ayuda a sobrevivir, y tratar de llorar menos, aunque a veces no funciona. Y aunque a veces es espontáneo, a veces carga su poco de veneno, pero al menos, sé pedir perdón si es necesario. 
La realidad es que si sigo exponiendo todas las virtudes (malas) que tengo, no terminaría de escribir. Los últimos meses de este año, como he escrito anteriormente no han sido fáciles, he tenido que bramar con frecuencia, y a veces mi sarcasmo se dispara de formas que hasta yo me sorprendo. Pero según he sentido que no me despego de la lona, y que hay circunstancias mucho más fuertes que yo, he aprendido muchísimo de todo. 

Entonces, he comprendido, que no todo lo que los demás ven mal en mi, es realmente malo, si lo utilizo en mi beneficio tratando de no herir a nadie. Así que lamento informar, que seguiré bramando, como toro, porque cada vez que abro la nariz, en medio de un coraje, mis pulmones se llenan, por consiguiente oxígeno, y mi cerebro recibe su dosis, ayudándome a pensar cómo resolver, o que importancia darle a lo que está pasando. Mi sarcasmo, mi resistencia, me saca una media sonrisa, que me ayuda a intentar ver todo desde otra perspectiva. En un momento como este, donde la ansiedad y la amargura quieren rodear mi vida, necesito humanamente ver todas mis virtudes, aunque los demás, las vean malas.

*Resolución- Volver todos mis defectos en virtudes, lo que vean los demás mal en mi, no significa que no le pueda sacar el lado bueno.