"Y es que cuando uno sacude el cajón de los recuerdos,
son los recuerdos los que terminan sacudiéndolo a uno."
- Andrés Castuera
He vuelto como cada cierto tiempo, a hacer resaque de ropa del pequeño de la casa. Sacar ropa de sus gavetas no es lo mismo que sacar ropa de su hermano mayor o mía. Y no lo digo por el punto de que ya no tengo bebé, me refiero a que adentrarme en las gavetas de ese pequeño ciudadano conlleva un proceso; difícil.
Se preguntarán que tan difícil puede ser abrir un par de gavetas y sacar la ropa que le queda pequeña. Lo difícil estriba en que las gavetas de mi hijo, están llenas de recuerdos. No son recuerdos que se vean a simple vista para serles sincera. Estos están estratégicamente acomodados debajo de otras cosas, o en las esquinas de las gavetas, donde no puedo verlos a menos que mueva otras cosas.
Y es que tengo que aceptar que se me hace imposible deshacerme de cosas que de una forma u otra me recuerdan las batallas de mi hijo. Entonces me digo que es importante tener eso ahí, porque me recuerda que luchó y que lo sigue haciendo. En algún momento en que este algo mayor le explicaré el porque guardo esas cosas que quizás para otras personas resulte como material inservible.
Algo que tengo guardado es un bobo que le hicieron a Ian en el nursery del hospital en el que nació. Su segundo día de vida, cuando nos enteramos del diagnóstico, determinaron que no podía comer, porque no sabían si había que operarle de emergencia. Las enfermeras prepararon un bobo con el chupete de una botella y con las sábanas de papel del hospital. Ese bobo engañó a mi hijo muchas horas. Mientras estaba en el hospital de Ponce y en el trayecto al hospital de San Juan, imagino que debía guardarlo, en el hospital nunca tomaron la iniciativa de descartarlo.


Otra de las cosas que encontré, fueron unas medias que le compré cuando comenzó a caminar, son estas medias que tienen antideslizante. ¿Por qué las guardo? Me recuerdan que Ian era pequeño en tamaño y que sus pies eran raros. También me recuerdan que el crecía, pero sus pies no. Las guardo porque me llenan de ternura y porque me encantaba ver sus pequeños piesitos con esa imitación de tennis hecho media.
Jo, amiga... puedo entender cada una de tus palabras aunque no haya vivido experiencia similar. Pero hay una historia de superación en ellas que sirve de guía en vuestra vida... y que ya lleváis escrita en vuestros corazones! La fortaleza de ambos es el presente, el pasado es el alimento que os hace grandes de cara al futuro.
ResponderEliminarGracias por la empatia y por pasar!
EliminarHola bella...
ResponderEliminarSe me ha encogido el corazón de repente. Fíjate que cada una vivimos en nuestra realidad. Yo también compartí mis sombras. Crees que estás sóla que lo has pasado mal, que estás hundida, y ahora años después te leo y pienso... Lo tuyo fue una broma! No quiero imaginar lo mal que tuvisteis que pasarlo, la angustia, las dudas, las preguntas, la incertidumbre.
Me alegro de que tu pequeño haya luchado por encima de todo, junto a ti. Espero que todo ello se quede en una cicatriz del pasado.
Un abrazo enorme.